Odio utilizar el término “riesgo cardiológico” en la misma frase que “práctica de ejercicio físico” porque contribuye a esa idea tan extendida de que el ejercicio puede ser peligroso y alimenta un poco más la moda de medicalizar conductas fisiológicas e inherentes a la naturaleza del ser humano como lo son la alimentación o, en este caso, la práctica de ejercicio físico.

En cualquier caso, es cierto que el riesgo de presentar una complicación cardiovascular es mayor cuando estamos haciendo un esfuerzo intenso que cuando estamos en el sofá. La paradoja de la actividad física hace referencia a la aparente contradicción entre la protección que nos confieren las adaptaciones y el aumento del riesgo que se produce de forma aguda por las respuestas que pone en marcha el ejercicio físico. Estas respuestas son necesarias pero no necesariamente buenas para la salud.

Por otro lado, algunos estudios epidemiológicos ponen de manifiesto un incremento de la mortalidad cardiovascular con grandes volúmenes acumulados de ejercicio físico. De forma paralela se describen distintas patologías del aparato cardiovascular en deportistas veteranos que podrían constituir el eslabón entre el exceso acumulado de ejercicio y el aumento de la mortalidad de los estudios epidemiológicos. En el post sobre arritmias y deporte de resistencia ya hablamos de alguna de estas enfermedades.

Lo cuento en lenguaje coloquial en esta entrada redactada para la sección de ejercicio de la web de la Fundación Española del Corazón.